Protectoras: En busca de oportunidades en Callao

Las grandes pantallas rodean y dominan la plaza de Callao, un lugar de tránsito para todos los que llegan a ella. Nadie tiene intención de detenerse, excepto algún músico callejero o algunos individuos que niegan la pandemia mundial y gritan que existen campos de concentración en España. Entre tanto bullicio, resaltan unos chalecos rosas. Hucha en una mano y correa en la otra, los voluntarios de DogHorseCity y Animal Soul Rescue (ASR), dos protectoras de Toledo, buscan entre la multitud ayuda para los animales que acogen en sus refugios.

Emprenden el viaje desde Toledo hasta Madrid de jueves a domingo con una furgoneta que transporta a los perros y varios coches particulares. A las 12 de la mañana comienza el primer turno en la plaza hasta las 5, cuando comienza el segundo. Para algunos son cinco horas, pero las coordinadoras aguantan todo el día organizando a sus voluntarios y procuran el bienestar de los animales.

Según el último informe de Affinity sobre abandono y adopción, 183.103 perros fueron entregados a las 387 protectoras que cedieron sus datos. En España hay 1.544, por lo que esta cifra solo alcanza un porcentaje de los abandonos, aunque lo suficientemente consistente.

 

 
 
 
 
 
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“Yo me los llevaría todos, pero vivo en un piso muy pequeño y lo pasaría mal”

A las cinco de la tarde comienza el segundo turno en la plaza. En un lateral, junto a la entrada de los Cines Callao, se encuentra un carro repleto de mantas, algún saco de pienso y garrafas de agua. Ane, una de las responsables del turno, llama a uno de los voluntarios que ya ha finalizado el suyo, desinfecta el chaleco y la hucha todo lo posible, agarra al perro que lo acompañaba y lo cede al nuevo voluntario. Su compañero de hoy es Truco, un gran galgo macho de más o menos dos años. Una de las razas más dañadas por el abandono y maltrato en nuestro país.

Debido a las normas sanitarias, perros y voluntarios se dispersan por el lugar y aprovechan para abarcar más terreno. Sin embargo, de vez en cuando se acercan un poco para charlar. “No hacen más que preguntarme por perros pequeños”, comenta Pablo, uno de los integrantes del turno. El 78% de los perros que habitan los refugios españoles son de tamaño mediano y grande. “Yo me los llevaría todos, pero vivo en un piso muy pequeño y lo pasaría mal” es la frase más repetida de los que se acercan hablar con ellos. Lola, presidenta de DogHorseCity, no se cansa de repetir la misma frase: “No importa lo pequeña que sea la casa mientras el perro tenga el ejercicio que requiere”.

Esta postura, entre otras, provoca que los perros del refugio no se adopten hasta pasados, de media, unos 10 meses desde su ingreso. El problema está en que el paso de los animales por la protectora no es realmente bidireccional. Entran más de los que salen. Muchos más. Todos estos factores provocan que haya perros que envejezcan en el refugio, lo que reduce sus posibilidades de adopción. 

Se adoptan menos de la mitad (44%) de los perros habitan los refugios, lo que empeora la saturación. El 16,2% nunca encuentran un hogar y solo un mínimo porcentaje consigue entrar en la vía de la acogida. “Se trata de una medida para acostumbrar a los perros a vivir en una casa y conocer cómo se comportan en ella. Por desgracia, también es una vía para aligerar el número de animales en el refugio y poder recibir más” cuenta Ane.

«No quieren un perro; quieren un juguete»

Según el estudio de Affinity, el 21% de los abandonos se deben a camadas no deseadas. Para prevenir y reducir este porcentaje, existe una tendencia a mantener a los animales de las protectoras esterilizados. En caso de adopción previa, la castración es obligatoria. El 13% de los casos se producen por problemas de comportamiento del animal. “No buscan soluciones. Se cansan del perro al primer comportamiento que consideran malo. No quieren un perro; quieren un juguete”.

Salchipresa, perro en adopción, en plaza de Callao
Salchipresa, perro en adopción, en plaza de Callao. Fotografía propia.

DogHorseCity es además un centro de adiestramiento y rehabilitación para los canes. “No negamos que los perros tengan malos comportamientos, pero todo tiene una solución. De hecho, no tenemos reparo en decirle a posibles adoptantes el pasado de un perro rehabilitado”. Un ejemplo es Salchipresa, un nombre apropiado para una curiosa mezcla entre un pitbull y un perro salchicha. “Cuando llegó al refugio no toleraba ni a otros perros ni a humanos. Ahora, con siete años, ha mejorado radicalmente y puede convivir con personas”. Salchi (para los amigos) se tumba a observar a la multitud con semblante sereno; algo que atrae a muchos que se acercan a saludarlo.

El sonido metálico de las huchas acompaña a los voluntarios. Además de dar visibilidad a los animales y las protectoras, el viaje hasta Madrid también tiene el fin de buscar ayuda económica. Hay quiénes utilizan técnicas sutiles como hacer ruido con la hucha mientras charlan con alguien o dejarlo caer al narrar sus tareas como voluntarios. Otros como Pablo son más directos: “Pedir no cuesta nada, y normalmente la gente no tiene reparo en aportar si se paran a hablar contigo. Saben el esfuerzo que hacemos y que, al final, todo esto es por lo animales”. Confiesan que hacen competiciones sanas por ver quién recauda más.

“¿Por qué adoptar tiene un coste? Entonces, ¿cuál es la diferencia con comprarlos?” comenta un joven, quizás interesado en buscar las cosquillas. Se trata de una de las grandes cuestiones que rodean a las protectoras. ASR y DogHorseCity, al igual que otras muchas, incluyen un pago con la adopción para rentabilizar, al menos en parte, los costes de la estancia de los perros en el refugio. “No buscamos lucrarnos con las adopciones. De hecho, en muchos casos no cubre todo lo que ha costado mantener al animal. Solo la castración tiene un coste elevado, pero hay que añadir la comida y los medicamentos que precise”.

«Tengo muchos galgos en mi cortijo»

Truco lleva, al igual que el resto de sus compañeros, muchas horas en la calle. Tiene que lucirse para los viandantes, pero necesita un descanso. Inconsciente de dónde se encuentra, se tumba de lado en el suelo. Es una curiosa estampa. Desgraciadamente para Truco, su estrategia solo consigue atraer a más personas. “Mira qué tranquilo está. Se nota que es un galgo” comenta una mujer que se agacha a acariciar su lomo.

Cualquiera que se pasee con frecuencia por las calles madrileñas puede darse cuenta de que una de las razas de moda son los galgos. El 12% de los abandonos en nuestro país se deben al fin de la temporada de caza, y los refugios se abarrotan de podencos y galgos. De hecho, existen protectoras en España dedicadas únicamente a rescatar y tratar a estas razas, como ‘Galgos en Familia’, ubicada en Málaga. Alguna situación tensa viven los voluntarios en Callao cuando se acerca alguna persona que afirma “tener muchos galgos en su cortijo”. Un mensaje que pone en alerta a todos. Ante estos comentarios, los veteranos aconsejan evitar discusiones que, según ellos, no llevan a ninguna parte.

Truco, galgo en adopción, en plaza de Callao
Truco, galgo en adopción, en plaza de Callao. Fotografía propia.

Anochece con rapidez en la plaza de Callao. La luz de los grandes paneles ilumina el lugar, pero no ayuda a mitigar el descenso casi drástico de la temperatura. Los voluntarios se apresuran en coger del carro un montón de abrigos para los perros. Algunos de ellos ni siquiera quieren levantarse del suelo. Queda una hora para finalizar el turno y el cansancio parece notarse en todos: humanos y animales.

Tras la últimas monedas, charlas y muecas de cariño a los canes, se escucha el mensaje que tal vez todos estaban esperando: “Chicos, recogemos y nos vamos”. En poco tiempo, del lugar desaparecen los chalecos rosas y todos avanzan en fila hacia un parking en el que están los vehículos para volver a Toledo. Una vez allí, introducen con cuidado a los perros en la furgoneta. Muchos de ellos se duermen casi al instante. Con todos dentro, cierran las puertas y se ponen en marcha; unos a casa y otros a las protectoras. Hasta el día siguiente, que buscarán de nuevo otra oportunidad en Callao.

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