Ebbaba Hameida: “Los campamentos de refugiados saharauis tienen todo y a la vez no tienen nada”

“Soy una mujer saharaui, soy periodista y vivo en una búsqueda constante de encontrar respuestas sobre todo lo que ocurre en el mundo que me rodea y al conflicto que vive mi pueblo”. Estas son las primeras palabras que nos cuenta Ebbaba Hameida en uno de sus descansos entre la tesis doctoral y sus labores como redactora en la web de RTVE.

La saharaui nació en los Campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Desde muy pequeña fue una niña enferma porque desarrolló una celiaquía debido a las condiciones que sufre la población en estos campamentos. Tuvo que marcharse del Sáhara a Italia con una ONG para poder sobrevivir.

-.¿Cómo son los campamentos de refugiados de Tinduf? 

Los campamentos de refugiados saharauis se ubican en el desierto de los desiertos, allí donde no hay nada están los campamentos. Esta zona se llama la Hamada argelina, uno de los desiertos más duros del planeta. Es un territorio prestado donde no se puede construir pero sin embargo es un territorio que ha acogido a esta población refugiada. Iban a ser unos campos temporales, sin embargo, llevan más de 45 años existiendo. En su interior lo que emana es la supervivencia, la resistencia de un pueblo que no puede volver a su casa, un pueblo que ha sido expulsado de su territorio a la fuerza por una guerra.

Es un lugar que tiene todo y no tiene nada. Un lugar donde los jóvenes no pueden trabajar pero los mayores tampoco han tenido trabajo. Es un lugar donde las familias no pueden construir. Una madre no puede hacer o invertir en una casa porque sabe que en cualquier momento se tiene que marchar  y no pueden hacer construcciones sólidas que puedan luego heredar sus hijos.  Es un sitio donde no hay fábricas, donde no hay empresas. Hay una tasa de paro abismal y  la gente vive de ayuda humanitaria. 

Familia de Ebbaba en los campamentos de Tinduf – Javier Sánchez Salcedo
.¿Cuáles son tus recuerdos de la infancia en el desierto?

Cuando digo que es un lugar que lo tiene todo y a la vez no tiene nada, la infancia lo tiene todo. Los niños son las personas más felices que hay en el desierto. Es un lugar de libertad. Yo recuerdo mucho jugar y no tener miedo a los coches. Recuerdo esas jaimas de cuatro puertas, siempre abiertas, en las que los niños salimos y entramos. Los niños son los dueños del tiempo y del espacio. La inocencia, cuando tu eres pequeña y estás en un sitio así no sabes lo que hay fuera ni que tu situación es tan injusta. De hecho es mucho más cruel la adolescencia. Es el momento de definirte.

Casos como el mío y el de tantos saharauis que hemos vivido entre los dos mundos y que a la hora de definirte son dos mundos que chocan y ves que los polos son muy opuestos. Vas de las máximas comodidades hasta la precariedad más grande. Pero cuando eres pequeño, todo esto no existe, no eres consciente. Yo ahora veo a mis sobrinas y sé que están felices jugando entre la arena pero me duele pensar lo que les espera a ellas en el futuro.

Yo tengo muy buenos recuerdos, he sido una niña muy querida, estaba muy malita. Recuerdo como todos me protegían, mi abuelo, mi abuela, mi familia.  He sido muy mimada por parte de mi madre.  Mi madre me daba el pecho aunque yo ya no tenía que tomarlo pero como estaba tan malita ella pensaba que tenía que protegerme de todo. Siempre dormía a su lado y no me separaba de ella. 

.- La radio siempre ha significado mucho para ti y detrás de esto está tu familia, ¿ellos fueron quienes te inspiraron a ser periodista?

Mi padre siempre quiso que yo estudiara medicina porque era útil para los campamentos. Cuando llegué a España con 16 años me di cuenta que siempre tenía que explicar quien era, de dónde venía y cuando mis compañeros me preguntaban muchas cosas no tenía respuestas. Yo iba a los sitios con pasaporte argelino pero soy saharaui y esto mucha gente no lo entendía.

Entonces me di cuenta que tenía que buscar respuestas y que yo quería ser esa persona que contase lo que pasaba en el mundo. Empecé a estudiar periodismo y supe que quería hacer radio. La radio me recordaba al Sáhara y a mis abuelos. Mis abuelos son nómadas y siempre van con la radio a cuestas. Yo recuerdo escuchar la radio con mi abuelo y ver que de allí salían voces que nos contaban cosas. Que muchas veces yo no entendía lo que nos contaban pero que ahí estaba. Esto hizo que me interesara mucho la radio. Yo quería contar también historias y aprender más del mundo.

Ebbaba Hameida y su amiga Fatima con la mella saharaui
Ebbaba Hameida con la mella saharaui – Javier Sánchez Salcedo
.- Estas con la tesis doctoral dedicada a la mujer y el islam, como mujer saharaui, ¿cuál es el rol que tienen las mujeres en el desierto?

Yo creo que las mujeres saharauis se han enfrentado a muchísimas adversidades. Hay que decir que hay muchos tipos de mujeres en el Sáhara, no hay un perfil homogéneo. Son mujeres fuertes que han sacado mucha energía para salir adelante. El conflicto además ha ayudado a lograr la emancipación de la mujer saharaui. Son de origen nómada, que eso tiene mucho que decir de su papel. Los hombres se marchaban y ellas se quedaban al cuidado de la jaima y decían que se hacía y que no. Pero es cierto que en la parte del islam hay mucho que hacer. Toda la parte privada de las mujeres ha sido cohibida y relegada. Yo siempre digo que la lucha del pueblo saharaui tiene que ir acompañada de la lucha por los derechos de las mujeres saharauis. 

No quiero caer en la visión «buensita» del islam, porque es evidente que el islam no es una religión que defienda los derecho de las mujeres ni los derechos del colectivo LGTBI. Esto no es solo en el islam, las religiones monoteístas son conservadoras y tiene una ortodoxia que no casa con los derechos y las libertades de las mujeres.  Eso se refleja también en la sociedad saharaui porque es una sociedad árabe y musulmana.

Por ejemplo, en el Sáhara, todas llevamos hijab, ninguna no lo lleva, aunque hubiera mujeres que no quisieran llevarlo van a llevar.  Sigue habiendo normas que se rigen por la sharia musulmana, como la de la mayoría de edad o la del divorcio. Por eso, yo creo que todavía hay muchísimo que hacer en este sentido.  Yo hablo desde la laicidad. Evidentemente no quiero que exista islamofobia ni racismo pero tampoco defendamos el islam como progreso  porque no lo es. 

Y  con esto no me refiero solo a los saharauis, me refiero a las sociedades musulmanas en general, desde allí se castiga la homosexualidad, se castiga el aborto, se castiga el no llevar velo. Hay leyes muy retrogradas aún que no permiten a las mujeres ni siquiera existir.  En muchos países rige la tutela, el caso de Arabia Saudí. En otros el islam político, el caso de Irán. Incluso en algunos casos las mujeres para existir se han tenido que convertir en hombres, como ha pasado en Afganistán. Y luego tenemos el Magreb en el que hay mucho que hacer todavía y los saharauis no estamos ajenos a esta realidad.

 

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